jueves, 12 de julio de 2012

EL NOMINALISMO DE GUILLERMO DE OCCAM


EL NOMINALISMO DE GUILLERMO DE OCCAM

Con Guillermo de Occam, nacido hacia 1280 y muerto en 1348 de la peste negra, se inicia la “via moderna”, en contraposición a la “via antiqua”, que continuaba la filosofía escolástica de San Alberto Magno, Sto. Tomás y Duns Scoto.

    Occam vive a caballo entre el siglo XIII y el siglo XIV. Este siglo estuvo caracterizado por las malas cosechas, la inflación y por la peste bubónica, que en tres oleadas, 1348, 1360 y 1371, redujo la población europea de 73 millones de habitantes en 1300  a  45 millones en 1400. Fue un siglo que conoció grandes migraciones del campo a las ciudades, que se desarrollaban gracias al comercio y cuyo esplendor económico se tradujo en la construcción de las grandes catedrales góticas y en el desarrollo de las Universidades. Conoció  también el declive de la aristocracia terrateniente y de la poliarquía feudal y el inicio de las monarquías nacionales centralizadas y la continuación del secular enfrentamiento entre el Papado y el Imperio, a cuyo servicio se pusieron las plumas y el ingenio de Guillermo de Occam y Marsilio de Padua, que defendieron al Emperador Luis de Baviera frente a las pretensiones del Papa Bonifacio VIII.

    1.- ONTOLOGÍA NOMINALISTA

          Occam, franciscano defensor de la pobreza evangélica, adoptó en la célebre polémica medieval de los universales una posición nominalista que se puede caracterizar de la siguiente forma:
    1.- Negación de la existencia de los “universalia” “ante rem”, postura platónica sostenida por Remigio de Auxerre ( 841-908), por Guillermo de Champeaux (1070-112  ) y por S. Anselmo (        ), para la que los universales existen, antes de realizarse en las cosas particulares creadas, en la mente de Dios, como mantenía la teoría ejemplarista de S. Agustín.
    2.- Negación de la existencia de los universalia “in rebus”, tesis aristotelizante defendida por Tomás de Aquino, según la cual los universales, es decir, los géneros y las especies, llamadas por el estagirita sustancias segundas, están plasmadas y realizadas en las sustancias primeras de la naturaleza, constituyendo sus ser o su esencia, de donde son extraídas mediante el proceso de abstracción por el entendimiento agente. Esta tesis presuponía que la “materia signata quantitate” era el principio de individuación, que establecía una distinción entre las cosas singulares del mismo tipo, es decir, que compartían el mismo género y la misma especie.
    3.- Occam no es realista, como los que afirman la existencia real de los universales, sino nominalista, es decir, sostiene que la única realidad existente es lo particular, lo singular y lo individual y que los “universales” son  palabras y nombres comunes que designan colecciones de individuos semejantes.
    “Insisto en que no hay nada universal que exista de la manera que sea fuera del alma, sino que todo lo que es universal y se puede decir de varios existe en la mente”
     Esta postura  fue defendida ya por Roscelino de Compiègne (1050-1142), para quien el universal es un mero “flatus vocis”, “aire de la voz” y por Abelardo (1079-1142) para el que el universal está en la mente y significa una cosa concreta. Si no existieran cosas concretas o individuos, no tendrían significación los universales. Pero Abelardo distingue también entre el nombre (vox) y el sentido del nombre (sermo).
    Occam se distanciará del nominalismo radical de Roscelino, para el que lo único real es lo singular o individual, pues aunque Occam considera que lo universal no puede ser real en el sentido de estar realizado en una entidad individual, pues sería contradictorio que lo universal fuese particular y sostendrá que lo universal tiene una existencia mental, es decir,  que es una “cualitas mentis” o cualidad mental, es una intención del alma predicable de muchas entidades particulares. Así, pues, lo único real es lo individual. El universal es un signo lingüístico natural que designa, significa o supone en el discurso racional, hablado o escrito, a las cosas particulares, semejantes entre sí en algunos aspectos. Los conceptos  o universales son signos que nos remiten a algo distinto y que se puede referir a muchas cosas. El concepto, presente en el alma, representa o supone a una multiplicidad de cosas singulares. Así, el término hombre designa  a la multiplicidad de individuos humanos semejantes entre sí, pero también diferentes y distintos en su irreductible individualidad.
    Occam desarrolla una teoría de la suposición de los términos. Distingue la suposición personal, en la que el término universal designa a un sujeto singular. Así, en la proposición “Sócrates es hombre”, la palabra “hombre” designa a un hombre particular, por lo que supone personalmente a la realidad designada, de la suposición simple, en la que el concepto se representa a sí mismo, como cuando se dice que “El hombre es una especie”, donde no se afirma que el hombre particular sea una especie. Y, por último,  en la suposición material, el término representa o designa una palabra escrita, como cuando se dice que “”hombre” es una palabra bisílaba”.
    Occam sostiene que a diferencia de los conceptos, que son signos naturales de las cosas, los términos lingüísticos, tanto orales como escritos, son convencionales

    2.- CREENCIA EN LA OMNIPOTENCIA DE DIOS Y NOMINALISMO

El nominalismo de Occam se relaciona con la creencia cristiana en la omnipotencia de Dios expresada en el Credo: “Creo en Dios Padre Omnipotente”. Basándose en dicha creencia, concluye Occam que si Dios es efectivamente omnipotente, no pudo  limitar su libertad creadora creando el mundo con arreglo a las Ideas y arquetipos  existentes en su mente, como sostenía la teoría ejemplarista de S. Agustín. Dios, en su omnipotencia, creó el mundo libremente, sin actuar como un mero copista que toma como modelo las ideas de su mente. Pero si esto es así, entonces no hay universales ni en la mente de Dios, ni en las cosas y el mundo creado se reduce a una multiplicidad de entidades singulares contingentes, esto es, que son como son, pero que podrían ser de otro modo completamente distinto, pues que existan y que sean como son, depende exclusivamente de la libérrima voluntad divina. Dios, si lo quisiera podría alterar las leyes naturales, pues el único límite a su omnipotencia es el principio de no contradicción
        El fideismo occamista supone una vuelta a las creencias cristianas y una depuración del cristianismo de ciertas adherencias platónicas como el ejemplarismo agustiniano, así como una potenciación de la fe frente a la razón y una negación de la teología natural como la practicada por Tomás de Aquino, que pretendió demostrar la existencia de Dios y la inmortalidad del alma mediante argumentos racionales. Para Occam dichos dogmas no pueden demostrarse racionalmente y han de ser objeto de fe. Así, frente a la tesis tomasiana conciliadora entre razón y fe, filosofía y religión, Occam vuelve a privilegiar la fe sobre la razón, como Tertuliano, defensor del “Credo quia absurdum est”, con lo que se convierte en precedente de Lutero, con su crítica a la “loca razón” y su dogma de la salvación por la fe.
    El fideismo de Occam contribuyó así a separar Fe y Razón, Teología y Filosofía, que emancipada de su condición de “ancilla theologiae”, se dedicará en lo sucesivo a la investigación de la naturaleza y al desarrollo de la ciencia natural, mientras que el fideismo abrazará posturas místicas que privilegian la unión irracional con Dios antes que su conocimiento racional.

3.- TEORÍA DEL CONOCIMIENTO DE OCCAM

    Se atribuye a Occam y a los nominalistas de la Universidad de París la formulación del principio de economía, también llamado la “navaja de Occam”, que se formula así: no hay necesidad de multiplicar los entes sin necesidad para explicar la realidad, o lo que es lo mismo, hay que explicar la realidad postulando para ello el menor número de principios posible.
     La aplicación del principio de economía conduce a Occam a las siguientes consecuencias:
      1.-En el plano ontológico a negar la realidad de los universales y a considerar superfluo el principio de individuación de los escolásticos, pues si lo real es lo individual, ya no es necesario explicar como se deduce de lo universal, de los géneros y de las especies.
    2.- En el plano teológico, el principio de economía se plasma en la renuncia a demostrar racionalmente la existencia de Dios y del alma, que deben ser objeto de creencia más que de demostración racional.
    3.- En el plano epistemológico, rechaza Occam la teoría de la abstracción aristotélico-tomista, que suponía que el intelecto agente abstraía la forma universal contenida en potencia en las cosas singulares para luego aplicar los conceptos universales abstraídos a los objetos singulares percibidos sensorialmente y conocerlos y sostiene que existen dos tipos de conocimiento:
    El conocimiento intuitivo, que es un conocimiento sensorial inmediato y directo de los objetos singulares, que nos informa de su presencia y permite afirmar su existencia y conocer las relaciones existentes entre las cosas. El conocimiento intuitivo produce la ciencia real, formulada en proposiciones o juicios probables sobre hechos contingentes, o como dirá más tarde el positivismo, en proposiciones sintéticas a posteriori.
    El conocimiento abstractivo presupone formular juicios generales sobre los individuos pertenecientes a una clase del tipo “Todos los hombres son mortales”. Esto presupone poseer conceptos universales, que, según Occam, se forman espontáneamente en nuestra mente y que son signos  lingüísticos naturales, junto a los signos lingüísticos proferidos o hablados y los signos lingüísticos escritos, que, a diferencia de aquéllos, son convencionales y los significan arbitrariamente. El conocimiento abstractivo da lugar a al ciencia racional, que, basada en la intuición de proposiciones evidentes y en la deducción racional a partir de ellas, da lugar a proposiciones necesarias, expresivas de relaciones entre ideas, como dirá Hume o de proposiciones analíticas, como las llamarán más tarde Kant y el positivismo.

    4.- VOLUNTARISMO Y POSITIVISMO ÉTICO
   
    De la creencia en la omnipotencia de Dios deduce Occam la inexistencia de una ley moral natural universal, necesaria y eterna, pues su existencia limitaría también la omnipotencia divina., lo que cuestiona la creencia tomasiana en una ley moral natural, expresión de la ley eterna en la criatura racional y manifiesta en una serie de inclinaciones naturales.
La ética voluntarista de Occam asume que si Dios es omnipotente y libre, podría cambiar los valores, normas y leyes morales, estableciendo, si así lo quisiera, que es bueno robar, matar etc y que, por lo tanto, se debe robar, matar etc…Esto equivale a decir que los valores y normas morales dependen de la voluntad de Dios, que es quien los ha establecido y no Dios de los valores y normas morales. Pero si esto es así, los valores y normas morales no son necesarios sino contingentes. Son los que son, pero podrían ser otros e incluso los contrarios, si Dios así lo estableciera y lo mandase, por lo que podría ser meritorio el parricidio si Dios lo mandase así como ocurrió cuando Dios mandó a Abraham matar a su hijo Isaac.
    Para el voluntarismo ético no existe, pues un “bonum per se”, un bien en sí y por sí que hasta Dios debería respetar, pues ello limitaría la omnipotencia y la libertad de Dios, sino que el bien es bien porque Dios así lo ha determinado. Pero si Dios quisiera, podría invertir los valores y las normas y hacer que fuera bueno y meritorio el odio al prójimo etc…
    El voluntarismo de Occam, que sostiene que los valores y normas dependen de la voluntad de Dios, da lugar a una moral positivista para la cual la virtud depende de la obediencia a las normas morales más que del respeto a la propia conciencia.

  En el conflicto entre el Papa Gregorio VIII y el Emperador Luis de Baviera, Occam defendió al emperador. Negó que el poder de éste derive del Papa, que la ceremonia de la coronación añada algo a la legitimidad de su autoridad y que sea necesaria la confirmación pontificia de una elección imperial. El poder del Emperador deriva de su elección  por el colegio de electores, que representa al pueblo y habla en su nombre. Negó también la infalibilidad del Papa y creyó que el concilio general podía frenar el poder de la jerarquía eclesiástica.


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